Pentecostés

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Quien es el Espíritu Santo.


Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

                                                              2 Timoteo 3:16 



Introducción 


En primer lugar, quiero ser lo más sincero posible al expresar mi fe: creo firmemente en las Sagradas Escrituras como: La Palabra de Dios. Tengo la total convicción de que los santos hombres que las escribieron fueron directamente inspirados por Él, con el propósito de revelarnos cosas fundamentales para el ser humano que decidiera creer.


Dios es un ser único, inescrutable, incomprensible e insondable para la sapiencia y la sabiduría humana. Creo que ningún hombre, mujer o conjunto de personas, por más sabios que sean, llegará jamás a entender la infinitud de Dios. Solo conoceremos aquello que Él, en su soberana voluntad, deseó revelarnos a través de la inspiración divina a quienes escogió.


Por lo tanto, mi postura define mi fe no como un logro basado en el intelecto o el estudio académico, sino como una relación de confianza plena en lo que está escrito; una confianza que supera por completo mi entendimiento.


Agradezco a Dios por esta fe que me ha concedido, la cual espero honrar siempre, pues la considero un regalo y una manifestación de su inmensurable gracia sobre mi persona. Ante las complejidades y misterios que contienen las Sagradas Escrituras, es natural que la puerta de nuestra curiosidad humana intente abrirse; sin embargo, es ahí cuando debemos entender que nuestra sabiduría está bajo un saber imposible de sondear, rastrear o comprender por nuestras propias fuerzas. Es el punto donde la razón cede su lugar a la confianza absoluta en su Palabra.