Agua de Dios 1

Mas el que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que salte para vida eterna.
Juan 4:14
En este pasaje de alguna manera Jesús nos señala que hay cosas que son importantes en este mundo para la vida, pero, cuando entramos en lo plano de lo espiritual, de lo eterno, todo se transforma, nadie puede negar la importancia del agua para la vida física, pero, Jesús al ofrecer el agua que calma la sed espiritual con característica únicas como el convertirse en una fuente interior que nunca se agota, que fluye para vida abundante, y eterna. No hay dudas para nosotros que hoy gozamos de un sin número de bienes en Cristo, por lo tanto, entendemos que el ser humano tiene una sed espiritual que solo Dios puede saciar, la invitación de Jesús a todos los sedientos a beber del agua de vida que el ofrece, con abundancia y plenitud ya que esa agua de vida tiene nombre y apellido: Espíritu Santo, porque esto dijo Jesús del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él. Juan 7:37-39
Introducción
El agua
H2O de Dios. El agua es una sustancia vital para la vida del planeta tierra; alrededor del 71% de la superficie de la tierra es agua, el cuerpo humano en su composición contiene entre el 50 y 70 % de agua, mientras que los árboles tienen entre el 50 y 95 % de su peso de agua, los animales tienen en su composición entre el 60 y el 75% de agua; nuestros ojos están compuestos por un 95% de agua mientras que nuestro cerebelo tiene un 93% de agua, nuestros pulmones están compuestos en un 86% de agua al igual que nuestros riñones, nuestro corazón tiene un 75 % de agua, igual que nuestros músculos, el cuerpo depende del agua para disfrutar de una buena salud; nuestro organismo como ya hemos mencionado está compuesto entre un cincuenta y un setenta por ciento de agua; sin ella, el cuerpo colapsa, los procesos vitales se comprometen: la regulación de la temperatura, la digestión, la circulación, la eliminación de desechos, etc., etc.; no hay dudas necesitamos el agua.
El ser humano puede vivir entre tres y cinco días sin beber agua, varía según las condiciones de vida; pero, en situaciones críticas puede sobrevivir menos de veinticuatro horas sin agua; según O.M.S. una persona necesita consumir 100 litros de agua al día, aunque hay estudios recientes que nos dicen que se necesitan 128 litros promedio de agua por día, este consumo se debe a que nuestras rutinas diarias incluyen al agua de diferentes formas, la usamos para cocinar, asearnos o para limpiar; también usamos el agua en las industrias, en la agricultura, en la ganadería, etc., etc., nuestro mundo sin agua colapsaría, dejaría de ser un planeta lleno de vida para convertirse en un mundo inactivo, desértico, silencioso, muerto, sin agua, la vida en cualquiera de sus manifestaciones no existiría.
Quizás por nuestra idiosincrasia, por nuestra naturaleza, por nuestra cultura, damos por seguro que siempre habrá agua, como si fuera un recurso infinito, abrimos simplemente una canilla y hay agua abundante. Sin embargo, en el año 2023 nuestro país sufrió la mayor deficiencia hídrica de la que se tenga memoria o registro; la represa Paso Severino que es la mayor reserva de agua dulce destinada al abastecimiento de agua potable con una capacidad de 67 millones cúbicos colapso, llegando en su momento más crítico a tener 2.4 % de su capacidad aproximadamente 1.6 millones cúbicos de agua, donde se podía ver más el fondo que agua misma, algunos, pocos o muchos uruguayos por primera vez tuvieron cierto temor al abrir la canilla, porque lo que siempre dio por sentado se volvió más que frágil, esta realidad vivida nos trae a la memoria la importancia del agua y de su cuidado.
Nuestra alma tiene una sed que nada de este mundo puede saciar; podemos llenar la vida de logros, bienes o placeres, pero, la sed del alma no podrá ser saciada, el corazón seguirá vacío y con sed sin la presencia o la cercanía de su creador, así como el cuerpo físico llega a perecer por la falta de agua, la vida espiritual es imposible sostener sin el "H2O de Dios", solo el agua viva que Cristo ofrece y da puede saciar toda sed espiritual y darle un sentido eterno a nuestra existencia, cuando bebemos el H2O de Dios ya no vivimos de ilusiones o fantasías espirituales, sino que vivimos una relación real con Jesús, nuestro Señor y Salvador; sin el H2O de Dios la vida espiritual se apaga y deja de ser, solo el agua viva de Cristo sacia toda sed del alma y sostiene una vida espiritual verdadera.
Las crisis hídricas nos recuerdan que el agua natural es limitada y frágil, las diferentes sequias cada vez más comunes en este mundo lo testifican; pero hoy somos invitados a mirar hacia la fuente inagotable de gracia que es Jesús. Él dijo: El que tenga sed, venga a mí y beba; cuando nos acercamos a él con un corazón sediento y bebemos de esa agua espiritual, nuestra vida interior es renovada, las fuerzas son restauradas, renovadas y nuestro corazón se llena de una esperanza que no se agota y somos llamados no solo a calmar nuestra sed propia, sino a compartir con otros sedientos el manantial de vida, de fe, esperanza y amor, vivimos en medio de un mundo sediento y en crisis necesitado del H2O de Dios.
En las Sagradas Escrituras podemos encontrar diferentes significados para el H2O de Dios como por ejemplo: vida, purificación, presencia del Espíritu Santo, juicio, dependencia de Dios, etc., etc. Si nos faltara el "H2O de Dios", no podríamos vivir en el Reino de Dios ni un solo instante. El agua no es solamente un recurso que necesitamos para la salud y la vida de nuestro cuerpo físico; también es un símbolo espiritual que nos recuerda que, sin Cristo, sin el Espíritu Santo y sin depender de Dios, moriríamos en nuestros delitos y pecados. Así como el cuerpo se seca sin agua, el alma se marchita sin la presencia de Dios.
Por eso, el Señor nos invita a acercarnos a Él como quien se acerca a una fuente inagotable de agua viva. El agua de Dios limpia, restaura, fortalece y da vida donde antes solo había sequedad. Cuando bebemos de esa agua, el Espíritu Santo comienza a obrar en lo profundo de nuestro ser, renovando nuestros pensamientos, sanando nuestras heridas y encendiendo en nosotros un amor nuevo por Dios y por las personas.
El agua de Dios no solo sacia nuestra sed espiritual, sino que nos convierte en verdaderos canales de bendición para otros. Lo que recibimos de su gracia no está pensado para quedar estancado en nosotros, sino que está pensado para saciarnos y fluir hacia las vidas que nos rodean. Así, todo creyente se transforma en un pequeño manantial en medio del desierto de este mundo, reflejando el carácter de Cristo y anunciando que aún hay esperanza para todo aquel que tenga sed. Que cada día podamos reconocer nuestra profunda necesidad del "H2O de Dios" y acudir a la fuente verdadera, Jesucristo, confiando en que su agua viva es suficiente para sostenernos, transformarnos y usarnos para llevar vida a un mundo sediento.
Las palabras de Jesús representan un llamado y un desafío a beber del agua que da vida a todo aquel que cree en Él, tal como dicen las Escrituras. La promesa divina es que jamás se volverá a tener sed, porque del interior del creyente que bebe de esa agua ofrecida por Jesús brotará un manantial que correrá por su interior como una fuente que salta para vida eterna, para que otros también sean saciados de la sed del alma que padecen. "Señor, dame de esa agua, para que no tenga yo sed", dijo la mujer samaritana junto al pozo. Jesús usó esta figura del agua que salta para vida eterna en lo profundo del ser humano pensando en el Espíritu Santo que recibirían los que creyesen en Él.
El agua de Dios no solo nos limpia y nos da vida, sino que nos transforma en portadores de esperanza. Cuando respondemos al llamado de Jesús y bebemos de su agua viva, dejamos de buscar en las cisternas rotas y contaminadas de este mundo y comenzamos a vivir y beber desde la fuente verdadera. Que nuestro clamor diario sea: "Señor, dame siempre de esa agua", y que nuestra vida refleje que en Cristo la sed del alma encuentra por fin, vida abundante, descanso y plenitud.
El agua que Dios nos ofrece no es para calmar la sed física, sino la sed profunda del alma, la sed del hombre interior que habita en cada uno de nosotros. Esa agua es una figura poderosa del Espíritu Santo que mora en el creyente y lo transforma desde adentro hacia afuera, hasta convertirlo en un manantial capaz de transmitir vida, consuelo y esperanza a otros. Estamos, entonces, ante el desafío no solo de beber de esa agua de Dios, sino también de dejar que fluya hacia quienes nos rodean. Lo hermoso de esta imagen del agua y de la fuente de vida es que no se trata de una promesa pasajera, sino de una plenitud eterna: una vida saciada en Cristo, guiada por el Espíritu Santo y derramada en amor para bendecir a un mundo sediento. Que cada día podamos decir con fe: 'Señor, dame de esa agua', y vivir como fuentes vivas que anuncian que solo en Jesús hay verdadera vida y descanso para el alma."
"La sabiduría de Dios la comparamos con el agua por su capacidad de dar vida y saciar la sed espiritual de aquel que sufre y cree en la palabra del Señor. Así como las aguas cubren el mar, así también la tierra será llena del conocimiento de la gloria de Jehová. La invitación, el llamado universal de salvación, vida y gracia, anunciado por el profeta Isaías, es a saciar la sed del hombre interior sin costo alguno. Acerquémonos confiados y bebamos del agua que salta para vida eterna, agua que no se compra con oro ni con méritos humanos, porque ya fue pagada en la cruz por Jesucristo. El agua de Dios es el Espíritu Santo derramado en nuestros corazones, que nos limpia, nos renueva y nos sostiene en medio del desierto de este mundo. Que cada día corramos a esa fuente con un corazón agradecido, y digamos: Señor, gracias por tu agua viva, viviendo como testigos de que solo en Ti la sed del alma encuentra sosiego y abundancia."
La sabiduría del Espíritu.
Las Sagradas Escrituras, las cuales nos pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús; ya que toda la escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra; las escrituras son una perfecta guía para guiarnos hacia la salvación y formar un carácter conforme al propósito de Dios; de el viene la sabiduría y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia, es el quien provee de sana sabiduría a los rectos; Dios nos invita y nos desafía a ver, a aceptar las escrituras como un manual de vida que no se queda prisionera en la simple teoría o conocimiento, sino que es una fuente gloriosa de transformación, de cambios, en la manera de pensar, actuar y relacionarse con Dios y los demás.
Nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual; hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria
La iglesia necesita indiscutiblemente la sabiduría y el poder de Dios para llevar adelante los propósitos de Dios para con este mundo, ya que en primer lugar existe un contraste entre la sabiduría y el espíritu de este mundo, con la sabiduría y el Espíritu de Dios; el mundo, el perdido, el desamparado no conocerá a Dios mediante la sabiduría de este mundo, pero si lo conocerá por la locura de la predicación; la predicación de un Cristo crucificado, muerto, al tercer día resucitado, como está escrito y todo aquel que cree en este mensaje será salvo; Cristo es poder de Dios y sabiduría de Dios, porque lo insensato de Dios es más sabio que los hombres y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.
La afirmación apostólica es clara, no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el que proviene de Dios para que podamos entender lo que Dios nos ha concedido; nos ha otorgado definitivamente el conocimiento más poderoso, más valioso que podemos tener, reconocer que la razón y la sabiduría humana no nos abre el camino a Dios ni a la revelación de su Hijo amado; la razón y la sabiduría humana no nos revela la voluntad ni los propósitos divinos, ni nos trasmite identidad en Cristo, sin embargo, Dios Espíritu Santo si puede hacerlo, ya que el hombre no es el resultado de la sabiduría, ni de la fuerza humana, ni del azar o de un proceso evolutivo; el hombre es hechura de Dios, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas; hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios
El espíritu del mundo nos lleva al extravío de los caminos de Dios, aunque a la razón y a la sabiduría humana les parezcan que son caminos derechos su fin es camino de muerte; porque en esos caminos al estar la ausencia de Dios también existe una usencia de vida para salvación; la verdad revelada por Dios Espíritu Santo es la siguiente: Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida; algunos, pocos, muchos o todos supimos andar en esos caminos sin la sabiduría y la gracia de Dios cuando estábamos muertos en nuestros delitos y pecados, siguiendo la corriente de este mundo que está bajo el príncipe de la potestad de aire.
Dios Espíritu Santo nos guía a toda verdad, él nos hace saber, nos revela las cosas que han de venir, el Espíritu de Dios escudriña aún lo profundo de Dios revelándonos las cosas secretas que le pertenecen a él, como está escrito: las cosas secretas pertenecen a Dios, más las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos recordemos que todas las cosas fueron entregadas por el Padre a Jesús y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelar Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.
Cuando hablamos del Espíritu que está en el mundo quizás podamos entender, comprender o interpretar que es satanás ya que él es señalado, identificado, reconocido desde las sagradas escrituras como el príncipe de este mundo el cual nada tiene con Jesús el cual ya ha sido juzgado, también es señalado como el Dios de este siglo el cual ciega el entendimiento de los incrédulos para que no les resplandezca la luz de Cristo siendo el espíritu que opera en los hijos de desobediencia con estos antecedentes podemos decir que la sabiduría humana está contaminada alejándonos de la sabiduría de Dios, resistiendo el conocimiento de Cristo quien es poder y sabiduría de Dios
La sabiduría humana lleva al hombre a extraviarse en sus propios pensamientos, apartándose de Dios, teniendo la tendencia a volverse jactanciosa, soberbia, autosuficiente, porque, no es una sabiduría que desciende de lo alto, sino terrenal, diabólica, produciendo celos amargos, contención, perturbación y toda obra perversa, mientras que la sabiduría divina, la que proviene del Espíritu de Dios es pura, pacifica, amable, benigna, llena de frutos y misericordia, sobre todas cosas la sabiduría divina nos lleva a reconocer que Jesucristo es nuestro salvador que nos ha librado de nuestros pecados, que solo en Jesús hay salvación, que no ha sido dado bajo el cielo otro nombre a los hombres para ser salvos que el de Jesús la sabiduría de Dios nos revela que hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre sabiendo que nuestra salvación es un don de Dios, por gracia de Dios somos salvos y no por obras o algún mérito propio
El mundo
La exhortación divina en las escrituras es clara al decirnos puntualmente que no debemos de amar al mundo ni las cosas que están en el mundo, si alguno ama al mundo el amor de Dios no está en él26; todo aquel que se torna amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios; el mundo ha de pasar juntamente con sus deseos, pero, todo aquel que hace la voluntad de Dios permanece para siempre no hay dudas hemos recibido el Espíritu de Dios quien da vida a todo aquel que cree, hemos recibido la palabra de Dios que da vida a todo aquel que la recibe; sin embargo, al recibir la palabra de vida el mundo comienza aborrecernos, así como en su momento aborreció a Jesús, estamos en el mundo, pero no pertenecemos a él, pero, hemos sido enviados al mundo para testificar del Hijo de Dios.
El mundo es algo bastante hostil para los que creen y guardan la palabra de Dios, Jesús nos escogió del mundo, pero no somos del mundo, pertenecemos al Reino de Dios, a nuestro Padre le ha placido entregarnos el reino de los cielos; sin embargo, debemos de tener presente en todo momento que cuando tomamos la decisión de estar en el mundo, pero, no amarlo a él y sus cosas, entendiendo aún que nos aborrece, no implica, ni es una invitación a aislarnos, sino es un desafío mayor a ser testigos de Cristo, la oración de Jesús no es que nos aislemos de él, sino que nuestro padre nos guarde del mal que está en él
De tal manera amó Dios al mundo que dio a su Hijo para dar vida y vida en abundancia, Jesús fue enviado, vino a este mundo para salvar al perdido y reconciliarlo para con Dios, por lo cual nuestra misión no es huir del mundo sino a través de nuestro testimonio testifiquemos de la vida en Cristo, casi que podemos decir que la hostilidad, el rechazo, la oposición del mundo es prácticamente una señal, una confirmación de que estamos caminando en la luz de Dios, porque la luz incomoda a lo que los hombres hacen en las tinieblas de este mundo, esta posición frente al mundo nos da testimonio por medio de Dios Espíritu Santo a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios por medio de la fe en Jesucristo, que no estamos solos, que todas las cosas en este mundo nos ayudan a bien y que nada nos podrá apartar del amor de Dios que es en Cristo Jesús nuestro Señor y Salvador.
El mundo contrasta, disiente, es diferente con el Reino de Dios por desemejantes características uno del otro, el Reino de Dios es gobernado por Dios que es un ser soberano, que gobierna sobre todas las cosas sean visibles o invisibles, que todo lo puede, que todo ve y oye, que está presente en toda su creación, no hay un solo lugar donde su presencia no esté presente; es un reino de luz, de fe, de esperanza y amor, es un reino de justicia, paz y gozo; es un reino inconmovible, inquebrantable, eterno, sobrenatural, donde se hace y se vive conforme a la voluntad de Dios.
Mientras que el mundo vive bajo el dominio del Dios de este siglo, satanás rodeado de tinieblas y maldad, totalmente con un espíritu contrario y pasajero en un sin número de características ya que todo lo que hay en este mundo cuando existe una ausencia de Dios son los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, donde los malos hombres y los engañadores irán de mal en peor engañando y siendo engañados donde los frutos de carne proliferan y manifiestan sus obras protervas como: adulterio, fornicación, inmundicias, lascivia, laidolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas, que son cosas que seducen el corazón del hombre extraviado, pero que no permanecen ni trascienden, el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre, solo la voluntad de Dios se presenta en las escrituras como lo único que trasciende lleno de vida al tiempo; todo el que ha nacido de Dios vence al mundo. Esta es la victoria que vence al mundo: nuestra fe.