Pentecostes
Enter your text here...

Yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.
Juan 14:16-17
Desde este lugar les deseo de corazón un muy feliz día de Pentecostés, ya que hoy 24 de mayo es su celebración; para algunos esta es una fiesta prácticamente irrelevante, es una fiesta más que está en el calendario cristiano que marca el evento del advenimiento de Dios Espíritu Santo sobre los reunidos en el aposento alto, sin embargo, debería ser una de las fechas más importante dentro del cristianismo.
Pentecostés es algo más que un evento histórico o una festividad de calendario, es el día donde la iglesia nace para ser testigo de Jesucristo a todo el mundo, a toda criatura como está escrito: recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.
Sin el advenimiento del Espíritu Santo la iglesia se hubiera quedado en una promesa de aposento alto, de puertas cerradas, sin embargo, la llegada del Espíritu hace que ese fuera el día de partida, fue el día en que el cielo abrazaría una vez y para siempre a todos los creyentes a través de los tiempos con su fuerza activa y transformadora, que, así como aquellos hombres y mujeres del aposento alto recibieron al Espíritu, todos los que creyeran en él lo recibieran también.
Dios Espíritu Santo en pentecostés deja de ser un visitante que venía sobre el creyente, ahora el pasa a ser un ser que se establece en nuestro corazón estableciendo una comunión continúa, constante; hemos sido sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria1
El maravilloso consolador prometido por Jesús no es una visita, el vino para habitar en cada creyente a través de los tiempos y para siempre convirtiéndonos en templo del Espíritu2 y morada de Dios en el Espíritu3 No sabéis que sois templo de Dios, ¿y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?4