Paciencia

En el taller de la paciencia


No perdáis, pues, vuestra confianza, que tiene grande galardón; porque os es necesaria la paciencia, para que, habiendo hecho la voluntad de Dios, obtengáis la promesa.

Hebreos 10:35-36


Vuelvo al principio, mi testimonio sobre la espera del bautismo en el Espíritu, para mí fue una experiencia única e intransferible lo que me permite a la luz de las escrituras llegar a la conclusión de que un creyente cualquiera puede recibir el bautismo del Espíritu Santo porque este no se gana, no se merece, ni es manejado por nuestro deseo o ansiedad, es un regalo divino, que llega en el tiempo de Dios, con un fin bien definido, hecho este que manifiesta, que da testimonio al cien por cien de la Gracia Divina Soberana


Al decir cualquiera puede recibir la gracia divina y soberana de Dios de alguna manera estoy expresando que el mensaje de salvación es universal para todos los que creen, porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree (Cualquiera puede creer), no se pierda, más tenga vida eterna22.


Cualquiera, que reciba el mensaje enviado por Dios creyendo en el nombre de Jesús recibirán la potestad de ser hecho hijo de Dios, los cuales no son engendrados por voluntad humana sino de Dios23; los hijos de Dios son extraordinariamente y maravillosamente eso, hijos de Dios y Dios no tiene hijos de primera o de segunda, no tiene hijos calidad A o calidad B, él tiene hijos engendrados según su voluntad y su propósito, no hay que ser superespirituales para alcanzar la gracia divina y soberana, simplemente hay que recibirla.


Al aceptar la gracia divina y soberana con un pensamiento céntrico en lo establecido en las sagradas escrituras podemos concordar que la cruz nos abrazó a todos por igual, el precio pagado por cada creyente fue el mismo, el sacrificio de Cristo y el derramamiento de su sangre hasta la última gota, nadie puede jactarse de ser más santo o más digno que otro, porque no hay un solo justo, nadie es inocente a los ojos de Dios, por cuanto todos somos pecadores y estamos destituido de la gracia de Dios24, la gracia divina y soberana no se recibe mostrando un currículo con un sinfín de éxitos y triunfos, se recibe desde la sencillez y humildad de un corazón que cree en el mensaje de Dios a pesar de no ver25.


Entrar en taller de la paciencia por momentos se hace muy duro, el dolor, el sufrimiento de la espera puede ser horrible, desgarrante, sin embargo ese no es un tiempo perdido, estéril o muerto, simplemente Dios está trabajando intensamente en nuestro interior, nos está procesando, él no nos está castigando, nos está capacitando, nos esta adecuando el corazón para recibir un mayor peso de gloria26, ser hijo de Dios es lo más, no existe nada superior a esto lo que resta es lo siguiente: ser un hombre prudente que está edificando en obediencia a la palabra sobre la roca, que es Cristo27.


Mirar atrás y ver ese dolor que me sobrevino, que surgió a partir de búsqueda de una promesa divina, hoy lo recuerdo no con amargura, lo miro lleno de esperanzas y confianza, porque he aprendido que detrás de cada cosa hay un proceso perfecto de Dios para vaciarme de mi mismo y llenarme de Él, no en vano está escrito que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados28. El bautismo del Espíritu Santo hizo que el permaneciera en mi transformando por completo mi entendimiento y mi vida.