la fragilidad de la vida

El hombre nacido de mujer, Corto de días, y hastiado de sinsabores, Sale como una flor y es cortado, Y huye como la sombra y no permanece.
Job 14:1-2
En la mañana de este 23 de diciembre he enviado un mensaje deseándoles a familiares, a hermanos de la fe, y a conocidos el deseo de una feliz navidad y un bendecido 20 26, lo esencial es que pude enviar un mensaje con un deseo sincero de bendición y alegría, siendo esto importante para mí.
Entre todas las repuestas que recibí, una de ella mi hizo ver cuán frágil y débil es el hombre, fragilidades y debilidades que por lo general no las percibe hasta que se encuentra nadando desesperadamente para no ser arrastrado o sucumbido por ellas; lo cierto que una vez que entramos en las aguas de la fragilidad y debilidad por lo general se pierden cosas invalorables pero, que no la valoramos hasta ese momento del apriete de vida donde cosas se quiebran, se rompen, perecen; un adagio popular dice: "Nadie sabe lo que tiene hasta que lo pierde"; casi nadie va por esta vida pensando en lo puede llegar a perder, sin embargo, casi todos caminamos por esta vida sin dar valor justo a los tesoros naturales y predominantes que nos ha dado la vida, como por ejemplo la vida misma, la familia, las relaciones interpersonales, el trabajo, etc., etc.
La palabra de Dios nos advierte que la vida del hombre suele ser muy corta sin importar, el tiempo que se logre vivir ya sea que vivamos cien o ciento veinte años la vida sigue siendo breve, Jorge Manrique dice: recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, como se viene la muerte tan callando; cuan presto se va el placer como después de acordado da dolor; como a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor. (Coplas a la muerte de su padre) Moisés dice lo siguiente: la vida es demasiado breve y con muchos sufrimiento, ¡Setenta son los años que se nos conceden! Algunos incluso llegan a ochenta. Pero hasta los mejores años se llenan de dolor y de problemas; pronto desaparecen, y volamos. (Salmo 90:10) Corto de días y hastiado de sinsabores es todo hombre nacido de mujer, sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece.
Las fragilidad y la debilidad humana forman parte de nuestra propia existencia, pienso, digo, no como una revelación divina, sino pensando en Adán y Eva que esa fragilidad y debilidad les llevó a no percibir todo lo bueno y más que bueno que tenían; al desobedecer a Dios no solo produciría la entrada de la muerte a este mundo sino que perderían los tesoros más importante que habían recibido de parte de Dios, perderían la comunión en vivo y en directo, cara a cara con Dios, perderían la eternidad que disfrutaban, serían desalojados de su habitad, el huerto de Edén, por último la maldición como consecuencia de la desobediencia, me pregunto cuantas habrán sido las noche o los días que habrán pensado que estaban viviendo una vida llena de sufrimientos y dolores porque nunca pensaron que los tesoros entregado por Dios en el Edén los perderían, quizás, pensar desde una conciencia que se despierta tardíamente trae al alma dolores, congojas, quebrantos, pero, ya no hay vuelta atrás.

Los tesoros más grande que nos ha dado la vida, como por ejemplo la vida misma, la familia, las relaciones interpersonales, el trabajo, etc., etc.; suelen ser tan cotidianos que se vuelven invisibles, o se desvalorizan o quedan algo relegados o en el peor de los casos son llevados con un ausentismo tal que cuando la vida nos aprieta, todo se tambalea produciendo verdaderos derrumbes, manifestando el verdadero valor no apreciado de lo que tenemos; quisiera, deseo en mi corazón que las personas no lleguen a perder sus tesoros esenciales para saber su verdadero valor y podamos en este día mirar con viva conciencia lo que ya tenemos.
Job nos dice algo con respecto a la brevedad de la vida y las diferentes aflicciones que puede presentar la misma; El hombre nacido de mujer, es corto de días, y hastiado en sinsabores, sale como una flor y es cortado y huye como la sombra y no permanece (Job 14:1-2); Santiago nos advierte sobre planes futuros, descuidando el presente; el hombre ciertamente no sabe lo que será mañana, porque que es la vida del hombre, ciertamente es como neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece, por lo cual, el pensamiento debería ser que contamos con el presente, el presente es lo que tenemos, cuidemos, amemos, honremos, valoremos lo que tenemos, esto no quiere decir: no soñemos, no pensemos en el futuro; en ninguna manera, ten sueños, piensa en tu futuro, trabaja duro y esfuérzate por lograrlo, pero no abandones los tesoros naturales y predominantes que te ha dado la vida.
No enfrentes esta vida sin conciencia y gratitud; la vida no solo presenta las vulnerabilidades y lo breve de nuestra existencia, también nos advierte a través de lo que vemos y oímos a diario; todo lo que está hoy, mañana puede no estar, todo lo que tenemos hoy, mañana podemos no tenerlo, somos seres limitados, por eso Santiago nos advierte sobre la arrogancia que puede haber en el corazón de cualquier hombre de este mundo, no te estoy animando a renunciar a tus sueños, ni que dejes de pensar en tu futuro, simplemente quiero invitarte a que no descuides tu presente, porque ahí está lo real, lo tangible, el tesoro que tienes, el cual puedes cuidar, sea tu vida, tu esposa/o, tus hijos, tu familia, tu trabajo, tu fe, etc., etc.
La repuesta que recibí el 23 de diciembre, es una que nos golpea el corazón con fuerza, de las cuales no estoy y jamás estaré lo suficientemente preparado como para dar una repuesta de forma inmediata, a la ligera, ante esta situación busco palabras que me lleven ayudar o alentar a alguien en esas condiciones, busco palabras de alivio, de consolación, de ánimo, de esperanza, las palabras en esos momentos parecen insuficientes, pero, sé que la gracia de Dios es lo puede hacer algo sobre esa alma sufriente, solo la gracia de Dios puede penetrar hasta lo más profundo del alma y traer un consuelo verdadero, las promesas de Dios por su gracia son sostenidas en medio de la aflicción, Dios es Padre de misericordia y Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3-4)
Cuando la carga, el dolor, el sufrimiento se hace o parece insoportable, la gracia de Dios se hace suficiente, su presencia se transforma en nuestra compañía, su amor se vuelve en esperanza, más allá de que no podemos cambiar algunas situaciones y tengamos que aprender a vivir con ese dolor siempre podemos tener presente que en Jesucristo el Hijo de Dios podemos hallar descanso; la repuesta que recibí ese 23 de diciembre fue lo siguiente: ¡Dios me castigo! el 19 de diciembre a las 19:50 se murió mi hijo, la vida se termino para mí, no quiero vivir más. Yo sentí el sacudón en el alma, una amargura me invadió, le comente a mi esposa, esas palabras que parecen estar en una contestadora, como puede ser que estemos pensando que Dios nos va a matar un hijo para castigarnos, si Dios fuera así ya no habría hombres y mujeres sobre la tierra; quise ser abogado de Dios y me olvidé del sufriente, me olvidé del alma ahogada en dolor, pero, gracias a Dios casi inmediatamente reaccioné, le envié una palabra de aliento, de esperanza confiando en nuestro Dios y Señor, confiando que su gracia, su misericordia y consolación obraran en esa alma dolorida.
Estas experiencias tan reales y dolorosas, estar frente a alguien que sufre una perdida devastadora y piensa en si mismo que lo que está sufriendo es un castigo de Dios, es duro, muy duro, tomemos conciencia de que la vida es breve como flor de campo y ligera como la neblina que pronto se desvanece, sin embargo, en esa brevedad de la vida se esconde el tesoro del presente, en la vida que respiramos y palpamos hoy, en la familia que nos acompaña, en los vínculos interpersonales o laborales que nos sostienen, por lo tanto, tener sueños y deseos de un futuro mejor no está mal, es bueno, pero nunca olvidemos que lo más valioso ya lo tenemos en nuestras manos, honremos, cuidemos y agradezcamos por cada día y lo que tenemos que es un regalo de Dios.
